LOS MISTERIOS EN GRECIA
JUAN IGNACIO GONZALEZ MERINO
Misterio
viene de la palabra griega mustērion,
que etimológicamente significaría “lugar donde se reúnen los mustai” (“iniciandos”, cf. infra), aunque mustērion nunca se usó en este sentido, sino sobre todo en
plural (mustēria) para designar,
por metonimia, los cultos que tenían lugar en el *mustērion y,
luego, las doctrinas asociadas a dichos cultos.
Mustēs (pl. mustai),
procede del verbo muō, “tener
los ojos, la boca o los oídos cerrados” (cf. lat. mutus, esp. “mudo”). Designaba a los que aún no habían visto ni
oído las ceremonias iniciáticas, es decir, los iniciandos,
en contraposición a los epoptai
“los que ya (las) han visto”, es decir, los iniciados. Todos los que querían
ser iniciados tenían que pasar por una fase preparatoria (múēsis) y se convertían en mustai, una especie de catecúmenos, hasta el momento de la
iniciación (teletḗ)
[1]
La palabra mustērion aparece por primera vez
en el fragmento 14 DK de Heráclito, s.
VI aC (cf. tb. fr 1 DK).
2.
Definición. Particularidades.
Según Burkert [2] los misterios
eran “rituales de iniciación de carácter voluntario, personal
y secreto que buscaban un cambio de pensamiento mediante la experiencia de lo
sagrado”.
Lo
que daba a los misterios una posición singular entre los cultos griegos era
justamente ese carácter voluntario, personal y secreto. El culto de las poleis griegas era derecho y deber de
todos los ciudadanos por el hecho de serlo; y por lo mismo, colectivo y
público.
Otra característica distintiva de los misterios era su
carácter abierto. Frente al culto oficial de la polis, protagonizado exclusivamente por ciudadanos, es decir,
varones libres nacidos en la polis en cuestión, los misterios eran
accesibles a hombres y mujeres, libres y esclavos, nacidos en cualquier lugar
de Grecia (Heródoto 8. 65). El único requisito exigido para ser
iniciado parece ser que era el de tener las
manos limpias y hablar inteligiblemente (Orígenes, Celso, 3. 59. 6), esto es, ser griego, aunque
este último requisito parece ser tardío, posterior al
sentimiento “nacionalista” que despertaron las Guerras Médicas a principios del
s. V aC [3].
Pero, al mismo tiempo que
la posibilidad de iniciarse en los misterios estaba abierta a toda clase de
personas, el acceso a los cultos mistéricos estaba estrictamente restringido a los
que habían sido iniciados en ellos o habían pasado las pruebas
para serlo.
En los
misterios se prometía a los iniciados una vida especialmente feliz tras la
muerte, frente a la vida anodina y triste reservada a los difuntos no
iniciados: Feliz el que esto vio de entre
las personas que viven en la tierra; pero el no iniciado en los sacramentos, el
que no tomó parte en ellos, jamás tendrá parte en cosas tales al morir, cubierto
de viscosa niebla. (HH 2, 480). También en Homero existía algo
semejante a lo prometido a los iniciados, el Elíseo (obsérvese
la semejanza del nombre con el de Eleusis), un lugar reservado para
determinados héroes, como Aquiles, donde llevaban una vida de completa de
felicidad, a diferencia del común de los mortales, que vivían en el Hades una
existencia prácticamente vegetativa.
Esta recompensa de
felicidad en el más allá les era concedida a los iniciados en función de la
propia iniciacion, es decir, era la consecuencia del cumplimiento de una mera
formalidad, y estaba por tanto desprovista de connotaciones morales y
prescripciones, salvo en la iniciación órfica, que,
como veremos, implicaba un determinado género de vida.
2.2.
La Historia Sagrada. Katábasis y anábasis.
Muerte y renacimiento.
Los misterios tenían su
Historia Sagrada (hierós logos) en la
que se contaban los padecimientos (pathē)
del dios o héroe fundador [4].
De
dicha Historia Sagrada formaban parte a) el descenso (katábasis) del protagonista al Hades y el regreso (anábasis) al mundo de los vivos tras
haber rescatado a un ser querido, y b) la muerte y renacimiento
del héroe, que alcanza la condición divina tras despojarse de su parte mortal.
Plutarco (fr. 178 Sandbach) dice que morir (teleutân) y ser iniciado (teleîsthai) son cosas muy parecidas. En los ritos de paso de las sociedades
primitivas, que están en la base de los misterios, la idea de la muerte y
resurrección del iniciado es omnipresente [5].
a) y b) se traducían en
el ritual de la iniciación. En los misterios de La Gran
Madre, por ejemplo, se llevaba a cabo la ceremonia llamada taurobolium o muerte del toro, en la que el iniciando, acuclillado
dentro de una vasija, recibía a través de un enrejado la sangre de un toro
sacrificado justo encima de él. Cuando salía, era considerado por lo demás como
un dios. La escenificación simbólica de un (re)nacimiento resulta palmaria.
2.3.
Las
pruebas y el éxtasis.
Los misterios eran, al
menos en su origen, una cuestión sobre todo externa, formal, cultual, en lo que
coincidían con el resto de los cultos griegos. En los misterios “por medio de ceremonias
rituales específicas, una persona se hacía nuevo miembro de un grupo cultual,
cuya función principal era justamente esta ceremonia de iniciación” [6]. Los misterios
eran, sobre todo, una experiencia. Los
iniciados no tienen que aprender (matheîn) nada, sino experimentar (patheîn). (Aristóteles, fr. 15 Rose).
Ahora bien, en qué
consistiera esta experiencia es algo que no sabemos exactamente, debido al secreto que rodeaba a los misterios. Parece ser que constaba
de dos partes, una negativa, consistente en una serie de pruebas
penosas que el iniciando debía superar, y una positiva, que culminaba el
proceso de iniciación y que consistía en una visión o
experiencia intensísima, extática.
Plutarco (s. I – II dC) nos proporciona uno de
los pocos pasajes (fr. 178 Sandbach) que se refieren con cierta extensión, que no
claridad, al ritual de iniciación:
Entonces
[en el momento de morir] sufre el alma una experiencia como los que
viven las ceremonias en las grandes iniciaciones. Por lo cual palabra por
palabra y hecho por hecho del morir y del ser iniciado son semejantes. Idas y
venidas al principio y vueltas y revueltas agotadoras y en medio de la
oscuridad ciertos trayectos sospechosos
e incompletos, luego, antes de la propia iniciación, los
terrores de todas clases, escalofríos y temblores, sudor y pasmo. Y después de
eso cierta luz portentosa sale al encuentro y lugares puros y prados, con sones
y danzas y solemnidades de sonidos sagrados y figuras santas. En medio de lo
cual, el que ya lo ha cumplido todo y ha sido iniciado y liberado va y viene
coronado y celebra el ceremonial y está con hombres santos y puros.
El deambular del
iniciando por un espacio oscuro es un trasunto del descenso al Hades (katábasis) del
fundador del misterio en cuestión, lo que a su vez cabe asimilar a la muerte,
mientras que la segunda parte, gozosa, sería un correlato del renacimiento, la vuelta a la luz.
Otra de las
peculiaridades del culto mistérico era su carácter secreto. Los iniciados (mustai) no debían comunicar nada acerca
de las ceremonias de la iniciación: … y
de ningún modo es posible transgredirlos [los misterios] ni averiguarlos ni contarlos (HH 478 s.]. Las
Señoras [Démeter y su hija Perséfone] acogen [en Eleusis] las solemnes ceremonias acerca de las cuales
una llave de oro hay puesta en la lengua de sus ministros (Sóf. EC
1050 ss.; cf. tb. Eur. Bac. 471 ss.; Isócrates 16. 6). Pausanias, un viajero que recorrió
Grecia en el II dC, pretexta un sueño para no describir el santuario: Y lo de dentro de la muralla
del santuario el sueño me impidió describirlo, y además a los no iniciados, de
cuanto les está prohibido contemplar, está claro que ni informarse les es
posible. (Pausanias, 1. 38. 7)
El mantenimiento del
secreto no era un asunto baladí; Esquilo, al parecer, fue acusado de violarlo
en una de sus tragedias, y el político Alcibiades tuvo que huir de Atenas a
finales del s. V para evitar un proceso por el mismo motivo [7]. El secreto de
los misterios se mantuvo a lo largo de los dos mil años en que tuvieron
vigencia [8], por lo que hoy
en día no podemos saber en qué consistían exactamente sus ceremonias
principales.
A esta cuestión, tan
llamativa a primera vista, del carácter secreto de los cultos mistéricos cabe
hacer las siguientes precisiones: a) secreto no quería decir, en absoluto,
clandestino. Es más, como veremos, dada la popularidad de los cultos
mistéricos, se vieron protegidos y subvencionados por diversos gobiernos
a lo largo de su historia. b) Los cultos mistéricos tenían una parte pública de
la que sí nos han llegado abundantes noticias, e incluso se escribieron
tratados específicos sobre ellas [9]. El secreto
afectaba sólo a lo que ocurría dentro del santuario en el momento
culminante de la iniciación. c) Probablemente lo que ocurría en realidad en
dicho momento no fuera nada especialmente extraordinario, aunque sí debía
suscitar entre los asistentes una emoción intensísima, por lo que no se podía
explicar, no tanto por la prohibición (apórrēton)
como por la imposibilidad de transmitir dicha emoción inefable (árrēton) al que no la vive [10], algo así como
lo que ocurre en la mística, palabra por cierto, de la misma famila etimológica
que misterio.
El
origen de los misterios parece estar en los rituales que acompañaban a los
cambios de status social en las sociedades
primitivas [11], por
ejemplo, cuando los jóvenes pasaban a integrarse en el grupo de los adultos;
son los llamados ritos de paso, cuyos iniciados se organizan con frecuencia en
sociedades secretas [12]. Ritos de
paso y misterios coinciden en el retiro del iniciando
antes de la celebración de los ritos, la dureza de las pruebas
a superar y el acceso del iniciado a un nuevo status. Una razón importante para esta supervivencia era la emoción
de las ceremonias, que debía impresionar al iniciando hasta el punto actuar
como una auténtica catarsis.
Eleusis (nombre
prehelénico [13],
relacionado según algunos con Elíseo) es un pueblecito costero
(hoy Elefsina) al NE de Atenas, frente a la isla de Salamina (Figura 1), en el
que existió un gran templo, famoso y respetado en toda la antigüedad. Honraron [los atenienses] a la diosa [Démeter] con sacrificios brillantísimos y con los
misterios de Eleusis, que por por su gran antigüedad y pureza fueron famosos
entre todos los hombres (Diodoro, 5.4.4).
Figura 1 Mapa
del Ática.
Los misterios que se
celebraban en Eleusis eran los misterios por antonomasia, hasta el punto de
que, con el tiempo, llegaron a celebrarse, a modo de sucursales, misterios
eleusinios en otros lugares, como Alejandría, Celeas, Pheneo, etc. [14]
Heródoto
(2. 123) dice que los misterios eleusinios fueron
traídos a Grecia desde Egipto, opinión que han seguido algunos autores modernos
[15].
Otros han propuesto un origen cretense,
tracio o tesalio.
Según la tradición, los
misterios de Eleusis fueron fundados por Démeter, la diosa del trigo, cuando
vagaba por la tierra en busca de su hija Perséfone, raptada por el dios de los
infiernos Hades / Plutón. El mito es contado pormenorizadamente en el Himno Homérico II (s. VII aC) y
constituye la Historia Sagrada (hierós logos) de los misterios eleusinios.
El
Himno cuenta que Perséfone, hija de Démeter, diosa de la agricultura, y de
Zeus, el padre de dioses y hombres, se encontraba recogiendo flores con otras
muchachas en el llano Nisio (nombre mitológico, sin correspondencia cierta con
ningún lugar real) cuando se abrió la tierra, salió de ella Hades, el dios del
mundo de los muertos, y se llevó en su carro a la muchacha, que en vano pidió
socorro a su padre (figura 2). Al punto de penetrar en el reino de Hades,
Perséfone lanzó un último grito que fue oído por su madre, la cual se lanzó en
su busca. Démeter recorrió la tierra sin que nadie supiera darle razón de su
hija, hasta que el Sol, que todo lo ve, la informa de que fue el propio Zeus el
que se la dio a Hades como esposa. Entonces Démeter, despechada, abandona el
Olimpo y, disfrazada de mortal, se dirige a la tierra.
Figura 2
Rapto de Perséfone por Hades. Fresco, s. IV aC. Tumba de Filipo II de
Macedonia, Vergina, Grecia.
Llega
a Eleusis y se para a descansar descansa junto a un pozo,
de donde es llevada a presencia de la reina Metanira. Démeter en principio
permanece en pie, sin querer comer ni beber, con el rostro cubierto, hasta que
la criada Yambe la hace reír con sus bufonadas y la diosa acepta a beber el kukeṓn.
Metanira
la contrata como nodriza de su hijo Demofonte. Tras ser
acusada de brujería, la diosa descubre su identidad y encarga la construcción de
un templo al pie de la ciudad, en el que se queda a vivir, lejos del Olimpo,
enfadada con los dioses por el rapto de su hija.
La
diosa envía la esterilidad a la tierra, hasta que Zeus la manda llamar al
Olimpo en busca de una solución. Démeter se niega obstinadamente a cualquier
trato antes de ver de nuevo a su hija. El padre de los dioses y los hombres
manda entonces traer a Perséfone del reino de Hades; éste accede aparentemente
a devolverla, pero antes de dejarla partir le da a probar un grano de granada,
con lo que la muchacha queda, de alguna manera, ligada al reino de los muertos.
Madre
e hija se reencuentran por fin delante del templo y Démeter decide que
Perséfone pase una tercera parte del año en el mundo subterráneo, con Hades, y
el resto del año en el mundo exterior. Zeus sanciona el acuerdo, Démeter
instruye en los misterios a los reyes de Eleusis y regresa al Olimpo con los
demás dioses en compañía de su hija y la tierra recupera su fertilidad.
Los
órficos tenían su versión propia y del mito de
Démeter y Perséfone, distinta de la que acabamos de ver.
De acuerdo con Pausanias
(3. 191) Démeter llegó al Ática durante el reinado de
Pandión en Atenas, que abarcó de 1462 a 1423 según el Marmor Parium; de acuerdo con esta misma fuente, la primera
celebración de los misterios en Eleusis fue llevada a cabo por Eumolpo
en 1409/8 aC [16], datos
corroborados por las excavaciones arqueológicas, que señalan que el origen del
lugar se remonta a 1500 aC, al principio de la época micénica.
La historia nos dice que
originariamente Eleusis era una población independiente, y que en tiempos de
Eumolpo mantuvo guerras con su vecina Atenas cuando Erecteo era rey de esta
ciudad. Como resultado de dicha guerra los eleusinios quedaron sometidos a los
atenienses en todo menos en lo referente a los misterios, que podían seguir
celebrando por su cuenta (Pausanias 1. 38. 3). Las guerras entre ambas ciudades se
sucedieron tras la muerte de Erecteo, hasta que, según la tradición, Teseo, una
generación anterior a la guerra de Troya, anexionó definitivamente Eleusis a
Atenas, conservando los eleusinios el status
de autonomía en lo referente a las celebraciones mistéricas. Fruto de este
acuerdo es la convención según la cual los ministros
del culto eleusinio debían pertenecer necesariamente a la familia de los
Eumólpidas, de Eleusis, o de los Kérukes, de Atenas.
Todos los
grandes dirigentes atenienses (Solón, Pisístrato, Cimón, Pericles, Licurgo)
contribuyeron a la ampliación y mejora del recinto sagrado y sus edificios, así
como emperadores romanos como Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio.
Cuando los costobocos,
una tribu escita, destruyeron el telestērion
en 170 dC, fue inmediata y respetuosamente reconstruido por orden del emperador
Marco Aurelio.
El
desarrollo del cristianismo resultó fatal para los misterios eleusinios y desde
muy pronto los Padres de la Iglesia se empeñaron en desprestigiarlos [17]. Con
Teodosio (finales del s. IV), el cristianismo pasa a ser la religión oficial
del Imperio y se prohíbe el culto en Eleusis. Alarico, acompañado de “los que
llevaban túnicas oscuras” (phaiá himatia,
Eunapio,
Vidas de sofistas 7.3.4), es decir, monjes
cristianos [18], saquea en 395 dC el santuario, que ya no se vuelve a
restaurar.
Las
excavaciones, a cargo de la Sociedad Arqueológica de Atenas, comenzaron en 1882
y continúan hasta el día de hoy.
Digamos
para terminar que el templo de Eleusis tiene la particularidad de ser el único
concebido como vivienda de un dios; se creía, en efecto, que fue la morada de Démeter durante el tiempo que ésta estuvo enfadada con el resto
de los dioses hasta que le devolvieron a su hija
Eleusis estaba a unos
veintidós kilómetros de Atenas, distancia que cubría un camino, la Vía Sacra,
que arrancaba de la puerta del Dipilón, en el cementerio Cerámico, y tras
cruzar un pequeño valle, discurría a la orilla del mar hasta las puertas del
recinto sagrado (figura 1).
El templo micénico y sus ampliaciones y obras
adyacentes se construyeron en un lugar difícil, por lo que necesitaron tanto
excavaciones en la roca viva como aterrazamientos y los consiguientes muros de
contención, a pesar de que en los alrededores había lugares sin tantas
dificultades [19].
A partir del núcleo
formado por un pequeño templo consagrado a Démeter y construido en el lugar
mencionado por el Himno Homérico (al pie de la ciudad y su muralla, por encima
del Calícoro sobre
una colina eminente, HH 271 s.) se fue formando un complejo de
edificios religiosos.
Primitivamente el recinto
sagrado de Eleusis lo formaban un templo, el anáktoron, y un patio ante él, amurallado para garantizar la inaccesibilidad a los profanos, en el que tenían lugar los
ritos iniciáticos. Luego, sobre todo a partir de Pisístrato,
dichos ritos pasaron a realizarse en el interior del templo, lo que obligó a
aumentar tanto las dimensiones como la estructura de éste, dando lugar al telestērion.
En el interior del telestērion quedó pues el anáktoron o “sancta sanctorum”, de cuyo
suelo sobresalía una piedra sin tallar de 0’32 m. de
altura [20]. El anáktoron ocupaba el mismo lugar que el
primitivo templo micénico, en el que, según la tradición, había vivido Démeter durante su estancia en Eleusis. En el anáktoron se guardaban los objetos
sagrados (hierá)
del culto, transmitidos de generación en generación desde tiempos remotos.
Nadie podía entrar en el anáktoron
sino el hierofante, y sólo en contadas ocasiones. En la
culminación de la ceremonia iniciática, el hierofante salía
del anáktoron y mostraba los hierá a los presentes.
9.
Las reformas de Pisístrato. El telestērion
Pisístrato (VI aC)
acometió una reforma radical del recinto eleusinio. Amplió el telestērion y
lo convirtió en un gran recinto en cuyo interior se mantuvo el primitivo anáktoron;
rodeándolo, un espacio cuadrado cubierto por un techo sostenido por veintidós
columnas y con nueve filas de gradas dispuestas a lo largo de sus paredes, un
edificio inusual en la arquitectura griega (figura 3a).
El telestērion de Pisístrato fue incendiado por los persas en 480
aC y reconstruido por Cimón y sobre todo por Perícles, que encargó un recinto
de más de 50 x 50 mts. con cuarenta y dos columnas en su interior y un graderío
de ocho filas corrido a lo largo de las cuatro paredes. Algo, repetimos,
insólito en la arquitectura de la época (figura 3b).
|
Figura 3a Plano del telestērion de Pisístrato. |
Figura 3b Plano del telestērion de Pericles. |
Las ruinas actuales
(Figura 4) sólo pueden dar una vaga idea de lo que debió de ser realmante aquel
recinto, imponente y singular.
Figura 4
Ruinas del telesterion. Eleusis.
Otra de las
intervenciones de Pisístrato en Eleusis consistió en la construcción de una
muralla que circunvalaba el tetestērion
y su entorno. La muralla tenía una puerta hasta la que llegaba la Vía Sacra; todo esto resultaba esencial para restringir el acceso
al recinto durante las fiestas, dado su carácter secreto.
Estas modificaciones
obligaron a reubicar el pozo y la Piedra Triste. Probablemente a Pisístrato se deba
también la reforma del Ploutonion.
Las reformas que
Pisístrato llevó a cabo en Eleusis hay que encajarlas en el marco de su acción
política. Pisístrato fue lo que hoy en día llamaríamos un populista, es decir,
un gobernante cuyo interés primero es tener contento al pueblo, a todo el
pueblo; practicó una política interclasista. Además de las construcciones en
Eleusis, construyó también en la Acrópolis y en el Ágora. Junto a esta política
de construcciones, Pisístrato llevó a cabo la fundación o impulso de grandes
fiestas, como las Panateneas (a principios de nuestro Agosto) y las Dionisias
Urbanas (Marzo / Abril), durante las que se celebraba el concurso de tragedias,
a las que hay que añadir la de los Grandes Misterios, que,
además de su dimensión religiosa, poseían, inseparablemente unida a ella, una
no menos importante dimensión espectacular, teatral,
festiva.
La masificación de los
Misterios, que probablemente implicara su apertura a los no atenienses,
obligaría a Pisistrato a instituir los Pequeños Misterios.
Para la ejecución de los
misterios eleusinios había una serie de personas, pertenecientes,
necesariamente, a una determinada familia, bien de los Eumólpidas, de Eleusis,
bien de los Kérukes, de Atenas. En esta convención se ha visto el status mixto,
eleusinio / ateniense, que habían logrado los misterios.
El principal ministro de
los misterios eleusinios era el hierofante (lit. “el que
hace aparecer lo sagrado”). Era un cargo vitalicio y ligado a los Eumólpidas (HH 475). El hierofante era el único que podía
entrar en el anáktoron
y era el que mostraba los objetos sagrados (hierá) a los iniciandos e iniciados en el momento culminante de la ceremonia. En época romana no se
podía pronunciar el nombre particular de los hierofantes, tan respetados
llegaron a ser [21]. Eran
mantenidos a cargo del erario público y debían guardar castidad durante los
días de la celebración. Los hierofantes eran asistidos por dos mujeres llamadas
hierofántidas, también de la familia de los Eumólpidas. Había además una
sacerdotisa de Démeter y otras llamadas “todo puras” (panageîs), que tanían que observar el voto de castidad y eran las
encargadas de llevar los objetos sagrados de Eleusis a
Atenas y de devolverlos al santuario.
El segundo en importancia
de los ministros del culto eleusinio era el Dadouchos,
esto es, el portador de la antorcha. Como el hierofante, era un cargo vitalicio
y ligado a una determinada familia, en este caso la de los Kérukes, de Atenas.
No sabemos su cometido exacto, sólo que el empleo de las antorchas
era muy importante en las ceremonias iniciáticas.
Había también un heraldo
sagrado (hierokerux) y un encargado
de los sacrificios.
El responsable político
de la celebración anual de los misterios era el arconte basileus (equivalente a lo que hoy día sería un ministro o delegado
para asuntos religiosos) del gobierno ateniense, asistido en su cometido por un
paredros (adjunto) y cuatro epimeletai (supervisores), que daban
cuenta a la asamblea de los atenienses del desarrollo de la fiesta.
Figura importante en los
misterios era el mistagogo (mustagōgós,
lit. “el que guía al mustēs o
iniciando), una especie de instructor del que quería iniciarse. El mistagogo
era imprescindible para la iniciación, pues era el que garantizaba que el
iniciando había cumplido todos los trámites requeridos y que podía por tanto
formar parte del grupo que hacía el camino a Eleusis [22]. Podían ser de
las familias de los Eumólpidas o los Kérukes. Dirigían las ceremonias de
purificación en los Pequeños Misterios [23], cobraban por
sus servicios [24],
acompañaba a los iniciandos en el camino a Eleusis y
posibilitaban su acceso al recinto iniciático [25].
Tal vez el mistagogo
fuera un trasunto ritual del dios o héroe mistérico que baja
al Hades, rescata a un difunto y lo lleva a una nueva vida; algo de esto
último hacía él con el iniciando.
Según Plutarco (Demetrio, 26) en la iniciación existían tres grados:
a) la purificación inicial del iniciando (katharmós),
que en mi opinión tenía lugar en los Pequeños Misterios;
b) la transmisión de la iniciación (teletês parádosis); c) la contemplación (epopteia). Cf. Teón de Esmirna, 14.
Los llamados Pequeños
Misterios (mikrá mustēria) eran
una especie de prólogo a los Grandes Misterios. En ellos
tenía lugar la preparación (múēsis) de quienes querían ser iniciados en
Eleusis.
Se celebraban en Agras,
un lugar cercano a Atenas, a orillas del río Ilisos, en el mes Anthesterión (nuestro Febrero / Marzo),
aunque podían celebrarse más de una vez al año [26].
Según la tradición,
fueron instituidos por Démeter para purificar a Heracles de la muerte de los
Centauros (Diodoro 4. 14. 3), como paso previo a la iniciación del
héroe en Eleusis. Parece ser que estaban bajo el patronato de Perséfone, la
hija de Démeter (esc. Aristóf. Pluto 485).
En la tragedia Heracles de Eurípides se nos cuenta cómo
el héroe, en medio de la locura inducida por Hera, asesina a sus propios hijos.
Una vez recuperado el juicio, Heracles se sume en la desesperación; así lo
encuentra Teseo, con el rostro velado. Entonces Teseo lo
invita a que vaya con él a Atenas y
purificar allí tus manos de mancha (Eur. Heracles 1324), lo que parece aludir a la institución
de los Pequeños Misterios para la purificación de una muerte distinta de la de
los Centauros.
En cualquier caso, lo que
parece claro es que Heracles es el beneficiario fundacional de la purificación
que se obtenía en los Pequeños Misterios.
12.1.
Heracles, héroe mistérico.
La figura de Heracles se
adapta muy bien a la del iniciando ideal. El héroe tebano fue famoso por sus
trabajos, que serían un trasunto de las pruebas
iniciáticas, y por la paciencia con que los soportó. Entre estos trabajos destacaba
el descenso al Hades (katábasis), de
donde regresó (anábasis)
con el perro tricéfalo Cerbero (Figura 5). En ese mismo descensó liberó a
Teseo, y en otro, a Alcestis, como cuenta Eurípides en la tragedia homónima.